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Mostrando entradas de 2026

30 Cortinal que llaman de Cuenca y la nueva encrucijada.

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                                        Cortinal que llaman de Cuenca y la nueva encrucijada.             La historia urbana de Villamartín no se construye solo con grandes decisiones municipales, sino también con esos movimientos silenciosos del caserío que, poco a poco, van empujando los límites del pueblo hacia terrenos que antes parecían lejanos. Entre 1825 y 1859, las calles Toledano, Veracruz, Reyes y Dueñas avanzaban hacia un mismo punto: un espacio abierto conocido como el Cortinal de Cuenca. Allí, entre el final de estas calles y aquel cortinal, empezó a formarse una vía nueva, una callejuela, espontánea, nacida del tránsito y de la necesidad. Los vecinos la bautizaron con un nombre tan descriptivo como provisional: la nueva encrucijada.           Algunos docu...

29 El Cortinal de la Virgen del Rosario

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  El Cortinal de la Virgen del Rosario El espacio urbano donde empezó a dibujarse el Villamartín moderno             En la década de 1830, cuando Villamartín aún se expandía lentamente desde la zona que rodeaba la parroquia, existía un espacio clave para entender la evolución del callejero: el Cortinal de la Virgen del Rosario. Los cabildos municipales consultados entre 1835 y 1844 permiten reconstruir con precisión su ubicación, sus límites y su relación directa con la Calle del Rosario, no la que conocemos hoy día, sino otra que entonces ya era una vía perfectamente identificable y situada “detrás de la iglesia parroquial” .           El primer documento consultado, del 26 de julio de 1835, es revelador. José Pérez Borrego solicita “un solar en el Cortinal de la Virgen del Rosario junto a la casa de Pedro Zarco”. Esta sola frase ya fija dos coordenadas: el cortinal estaba junto a viviendas ya existentes, ...

28. La Callejuela de las Cruces

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La Callejuela de las Cruces Cuando una calle nace del pulso de sus vecinos           En la Villamartín del siglo XVII, cuando la villa aún respiraba entre murallas mentales más que físicas y el caserío se expandía con la lentitud de lo artesanal, la formación de una calle no era un acto administrativo frío, sino un proceso vivo, tejido por las manos y las aspiraciones de sus propios habitantes. Cada solar concedido, cada pared levantada, cada puerta abierta al viento del campo era una declaración de futuro. Y pocas escenas ilustran mejor ese pulso que la petición presentada por Juan Lobo, vecino de la villa, en el cabildo del 30 de noviembre de 1681.                El escribano lo dejó asentado con la sobriedad habitual de la época, pero la frase contiene un mundo: “En este cabildo yo, el escribano, hice notoria a los capitulares de una petición de Juan Lobo, vecino de esta villa, por la cual pide a es...

27. Cuando la chapuza se convierte en norma y la historia en víctima

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                                                                    La Calle del Rosario Cuando la chapuza se convierte en norma y la historia en víctima             Hay errores que nacen del desconocimiento. Otros, de la prisa. Otros del propio ego personal. Y luego están los que nacen de la dejadez institucional, de mirar hacia otro lado mientras el patrimonio se desdibuja. La historia de la Calle del Rosario pertenece a estas dos últimas categorías.           Porque lo que hoy se muestra al público como un nombre asentado, tradicional y casi “de toda la vida”, es en realidad el resultado de algunas décadas de improvisaciones, rotulaciones sin control y una cadena de decisiones sin rigor. Y lo peor: los avisos ...

26. Cuando un apellido derrota treinta años de confusión

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La Calle de los Reyes Cuando un apellido derrota treinta años de confusión             Hay nombres que sobreviven a guerras, a invasiones, a alcaldes despistados y a copistas con demasiada imaginación. Hay nombres que se mantienen porque nacieron de la gente, de la vida real, de un vecino que dejó huella. Y hay nombres que, por mucho que algunos quieran disfrazarlos, siempre vuelven a su forma original.           Ese es el caso de la calle de los Reyes. Y cada vez que la mencionamos, hay alguien que vuelve a tener razón.           El Cabildo de 25 de febrero de 1817 es una joya. No interpreta, no sugiere, no adorna. Dice lo que dice. Y lo dice con una claridad que hoy incomoda a quienes han querido reinventar la historia del callejero, a los que miran para otro lado.           En el acta, al ...

25, Las piedras lajas.

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Las piedras lajas.             Hay decisiones urbanas que no son simples errores: son síntomas. Señales de una manera de gobernar el espacio público que confunde el adorno con el cuidado, la ocurrencia con la planificación, el parche con la visión. Y lo que está ocurriendo en el jardín de la Avenida de Villamartín —esa sustitución del cemento por lajas “rústicas” decorativas— es exactamente eso: un síntoma de una estética improvisada que se impone sobre la coherencia del lugar, sobre su historia y sobre su función.            Porque lo primero que uno percibe al caminar por ese tramo es la ruptura. No una renovación, no una mejora, sino una fractura visual y material. Donde antes había continuidad, ahora hay un collage. Donde antes había un recubrimiento sobrio, funcional, pensado para durar, ahora aparece una especie de escaparate de catálogo: lajas que pretenden ser rústicas, pero...

24. La Alameda

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                 Historia de un paseo que nació para el pueblo y que hoy el pueblo                                                      encuentra cerrado.             La Alameda no nació como un adorno urbano ni como un capricho municipal. Nació como un acto de dignidad colectiva, como una obra pensada para que Villamartín tuviera un espacio propio, abierto, respirable, un lugar donde la vida pública pudiera desplegarse sin trabas. Así lo recogen las actas de 1894, cuando el alcalde Joaquín Carredano impulsó la idea de “construir un paseo digno del pueblo” y, además, dar trabajo a la clase obrera. El maestro de obras Manuel García de Soria trazó el plano, levantó la memoria y calculó el presupuesto; el Ayuntamiento lo estudió, lo debatió y lo aprobó porque ...

23. La calle Extramuros

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  La calle Extramuros Una vía histórica de Villamartín al borde del colapso             Villamartín vuelve a situar en el foco local uno de sus problemas urbanos más persistentes: el grave deterioro de la calle Extramuros, una vía con casi dos siglos de historia, cuyo estado actual preocupa seriamente a los vecinos y evidencia una falta de mantenimiento prolongada en el tiempo.           La calle, cuyo origen se remonta a 1840–1845, nació como zona de desahogo del casco urbano. Su nombre, de hecho, responde a la definición literal de la RAE: “fuera del recinto de una ciudad o población”. Con el paso de las décadas, Extramuros fue ampliándose y adquiriendo nuevas funciones, hasta convertirse en un tramo clave para la movilidad interior del municipio.           Sin embargo, hoy es una vía marcada por grietas, hundimientos y un muro de contención ...

22. El Convento de San Francisco

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  El Convento de San Francisco La memoria que se negó a desaparecer             En el corazón de Villamartín, en el número 13 de la calle San Francisco, se alza un edificio que respira historia incluso en sus silencios. Hay edificios que caen porque el tiempo los vence. Y hay otros que caen porque alguien decidió que sobraban. El Convento de San Francisco pertenece a esta segunda categoría: un lugar que sobrevivió no gracias a las instituciones, sino a pesar de ellas.           Hoy lo paseamos como si fuera un simple espacio cultural. Pero bajo ese claustro silencioso late una verdad incómoda: Villamartín estuvo a punto de perder uno de sus símbolos más antiguos por desidia, intereses privados y decisiones políticas que jamás miraron por el pueblo.           Lo que queda del antiguo convento es su claustro, un espacio de dos plantas donde las c...

21. Las contradicciones del callejero de Villamartín

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                                                                      Las contradicciones del callejero de Villamartín             Villamartín presume —con razón— de una historia rica, compleja y profundamente arraigada en sus calles. Cada nombre, cada esquina y cada rótulo forman parte de un relato colectivo que se ha ido construyendo durante generaciones. Por eso sorprende, y preocupa, que el callejero actual presente contradicciones evidentes respecto a la normativa municipal aprobada el 30 de noviembre de 1989, una fecha clave en la ordenación moderna de nuestras vías.           En aquel acuerdo, junto con el del 31 de agosto del mismo año, el Ayuntamiento estableció de manera oficial la den...