30 Cortinal que llaman de Cuenca y la nueva encrucijada.
Cortinal que llaman de Cuenca y la nueva encrucijada.
La
historia urbana de Villamartín no se construye solo con grandes decisiones
municipales, sino también con esos movimientos silenciosos del caserío que,
poco a poco, van empujando los límites del pueblo hacia terrenos que antes
parecían lejanos. Entre 1825 y 1859, las calles Toledano, Veracruz, Reyes y Dueñas avanzaban hacia un mismo punto:
un espacio abierto conocido como el Cortinal
de Cuenca. Allí, entre el final de estas calles y aquel cortinal, empezó
a formarse una vía nueva, una callejuela, espontánea, nacida del tránsito y de
la necesidad. Los vecinos la bautizaron con un nombre tan descriptivo como
provisional: la nueva
encrucijada.
Algunos documentos del periodo lo dejan claro. En 1825, Joaquín Guzmán solicita un solar «en el Cortinal que llaman de Cuenca, calle Toledano abajo», lo que demuestra que la calle Toledano ya desembocaba directamente en aquel cortinal. El Ayuntamiento, prudente, ordena publicar edicto para posibles reclamaciones. Pero lo importante es el escenario: las calles del pueblo ya tocaban el cortinal, y los vecinos empezaban a pedir solares allí.
Ese
avance del caserío no era aislado. Las calles Veracruz, Reyes y Dueñas también se dirigían hacia ese mismo
punto, creando un espacio de transición entre el pueblo consolidado y el
cortinal abierto.
Treinta
años después, otros documentos muestran que aquel espacio ya no era solo un
cortinal: estaba naciendo una calle
nueva. Antonio Benítez Vidal pide permiso para construir una casa «…en la nueva encrucijada que ha de formarse al final de la calle Veracruz
hacia la plaza del Oriente». La expresión es reveladora:
- «ha de formarse»
indica que la calle estaba en proceso de nacer,
- «nueva encrucijada»
señala un cruce, un nodo, un punto donde varias calles convergían,
- y la referencia a la plaza del Oriente muestra que esa vía buscaba conectar con un
espacio mayor.
El
Ayuntamiento concede el solar, pero exige que la fachada se dé «al menos cogida
de aguas y empedrada», señal de que se quería ordenar y dignificar esa nueva vía.
Otro
documento, también de 1855, confirma que la nueva calle seguía creciendo.
Manuel Arroyo solicita un solar «…en la nueva encrucijada que se va formando
al final de la calle de Reyes…», junto al que había pedido Cristóbal Calle.
La frase clave es «se va formando»:
la calle no nace de un trazado previo, sino de la suma de solares y casas que
los vecinos van levantando. Es un crecimiento orgánico, vecinal, sin
planificación rígida.
Y
aquí aparece el detalle que explica el futuro nombre: Las casas no se
construían alineadas, ni seguidas, ni con un plan urbanístico claro. Eran casas salteadas, separadas unas
de otras, como cuentas dispersas. Los vecinos, con esa capacidad popular para nombrar
lo que ven, empezaron a decir que aquella calle parecía un rosario.
Una
casa aquí. Otra más allá. Otra un poco más adelante. Como cuentas de un rosario
que alguien hubiera dejado caer sobre el terreno.
Con
el tiempo, el apodo se consolidó. La «nueva encrucijada» dejó de ser nueva,
dejó de ser encrucijada y pasó a ser la
Calle de El Rosario. Nombre que ya aparecía en documentos posteriores y
que terminó fijándose en el callejero.
Un
último documento consultado, del 21 de
abril de 1859, nos cierra perfectamente esta historia. El Ayuntamiento,
consciente de que varias calles de origen reciente carecían de nombre oficial,
decide legalizar los nombres que
los vecinos ya usaban. El acuerdo municipal es claro: Se autoriza como
nombres propios los de las calles «…Matadero, Sol, Taller de la Iglesia,
Vista-hermosa, Pozo, Carreteros, Llana, Nueva, Ubrique, Consolación, Rosario, Extramuros y Plaza de
Oriente».
El
Ayuntamiento ordena además colocar azulejos con los títulos oficiales,
cumpliendo la normativa de S. M. sobre el nuevo nomenclátor. Con este acto, la antigua nueva encrucijada, nacida
entre el Cortinal de Cuenca y las calles Toledano, Veracruz, Reyes y Dueñas,
queda definitivamente inscrita en la historia urbana de Villamartín como Calle de El Rosario. Nombre que ya
aparece en documentos posteriores y que terminó fijándose en el callejero.
No
fue una decisión municipal solemne. Fue más que un acuerdo de cabildo la
mirada de los vecinos, que vieron en aquella hilera irregular de casas un
rosario extendido sobre el terreno.
Y
así, entre el Cortinal de Cuenca,
las calles que llegaban hasta él y la iniciativa de los vecinos que construían
donde podían, nació una de las calles más antiguas y con más historia de
Villamartín.
FUENTES
CONSULTADAS:
—
Archivos Históricos de Villamartín (Diversas actas capitulares).

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