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Mostrando entradas de abril, 2026

24. La Alameda

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                 Historia de un paseo que nació para el pueblo y que hoy el pueblo                                                      encuentra cerrado.             La Alameda no nació como un adorno urbano ni como un capricho municipal. Nació como un acto de dignidad colectiva, como una obra pensada para que Villamartín tuviera un espacio propio, abierto, respirable, un lugar donde la vida pública pudiera desplegarse sin trabas. Así lo recogen las actas de 1894, cuando el alcalde Joaquín Carredano impulsó la idea de “construir un paseo digno del pueblo” y, además, dar trabajo a la clase obrera. El maestro de obras Manuel García de Soria trazó el plano, levantó la memoria y calculó el presupuesto; el Ayuntamiento lo estudió, lo debatió y lo aprobó porque ...

23. La calle Extramuros

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  La calle Extramuros Una vía histórica de Villamartín al borde del colapso             Villamartín vuelve a situar en el foco local uno de sus problemas urbanos más persistentes: el grave deterioro de la calle Extramuros, una vía con casi dos siglos de historia, cuyo estado actual preocupa seriamente a los vecinos y evidencia una falta de mantenimiento prolongada en el tiempo.           La calle, cuyo origen se remonta a 1840–1845, nació como zona de desahogo del casco urbano. Su nombre, de hecho, responde a la definición literal de la RAE: “fuera del recinto de una ciudad o población”. Con el paso de las décadas, Extramuros fue ampliándose y adquiriendo nuevas funciones, hasta convertirse en un tramo clave para la movilidad interior del municipio.           Sin embargo, hoy es una vía marcada por grietas, hundimientos y un muro de contención ...

22. El Convento de San Francisco

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  El Convento de San Francisco La memoria que se negó a desaparecer             En el corazón de Villamartín, en el número 13 de la calle San Francisco, se alza un edificio que respira historia incluso en sus silencios. Hay edificios que caen porque el tiempo los vence. Y hay otros que caen porque alguien decidió que sobraban. El Convento de San Francisco pertenece a esta segunda categoría: un lugar que sobrevivió no gracias a las instituciones, sino a pesar de ellas.           Hoy lo paseamos como si fuera un simple espacio cultural. Pero bajo ese claustro silencioso late una verdad incómoda: Villamartín estuvo a punto de perder uno de sus símbolos más antiguos por desidia, intereses privados y decisiones políticas que jamás miraron por el pueblo.           Lo que queda del antiguo convento es su claustro, un espacio de dos plantas donde las c...