Entradas

Mostrando entradas de mayo, 2026

27. Cuando la chapuza se convierte en norma y la historia en víctima

Imagen
                                                                    La Calle del Rosario Cuando la chapuza se convierte en norma y la historia en víctima             Hay errores que nacen del desconocimiento. Otros, de la prisa. Otros del propio ego personal. Y luego están los que nacen de la dejadez institucional, de mirar hacia otro lado mientras el patrimonio se desdibuja. La historia de la Calle del Rosario pertenece a estas dos últimas categorías.           Porque lo que hoy se muestra al público como un nombre asentado, tradicional y casi “de toda la vida”, es en realidad el resultado de algunas décadas de improvisaciones, rotulaciones sin control y una cadena de decisiones sin rigor. Y lo peor: los avisos ...

26. Cuando un apellido derrota treinta años de confusión

Imagen
La Calle de los Reyes Cuando un apellido derrota treinta años de confusión             Hay nombres que sobreviven a guerras, a invasiones, a alcaldes despistados y a copistas con demasiada imaginación. Hay nombres que se mantienen porque nacieron de la gente, de la vida real, de un vecino que dejó huella. Y hay nombres que, por mucho que algunos quieran disfrazarlos, siempre vuelven a su forma original.           Ese es el caso de la calle de los Reyes. Y cada vez que la mencionamos, hay alguien que vuelve a tener razón.           El Cabildo de 25 de febrero de 1817 es una joya. No interpreta, no sugiere, no adorna. Dice lo que dice. Y lo dice con una claridad que hoy incomoda a quienes han querido reinventar la historia del callejero, a los que miran para otro lado.           En el acta, al ...

25, Las piedras lajas.

Imagen
Las piedras lajas.             Hay decisiones urbanas que no son simples errores: son síntomas. Señales de una manera de gobernar el espacio público que confunde el adorno con el cuidado, la ocurrencia con la planificación, el parche con la visión. Y lo que está ocurriendo en el jardín de la Avenida de Villamartín —esa sustitución del cemento por lajas “rústicas” decorativas— es exactamente eso: un síntoma de una estética improvisada que se impone sobre la coherencia del lugar, sobre su historia y sobre su función.            Porque lo primero que uno percibe al caminar por ese tramo es la ruptura. No una renovación, no una mejora, sino una fractura visual y material. Donde antes había continuidad, ahora hay un collage. Donde antes había un recubrimiento sobrio, funcional, pensado para durar, ahora aparece una especie de escaparate de catálogo: lajas que pretenden ser rústicas, pero...