26. Cuando un apellido derrota treinta años de confusión

La Calle de los Reyes

Cuando un apellido derrota treinta años de confusión

 

          Hay nombres que sobreviven a guerras, a invasiones, a alcaldes despistados y a copistas con demasiada imaginación. Hay nombres que se mantienen porque nacieron de la gente, de la vida real, de un vecino que dejó huella. Y hay nombres que, por mucho que algunos quieran disfrazarlos, siempre vuelven a su forma original.

          Ese es el caso de la calle de los Reyes. Y cada vez que la mencionamos, hay alguien que vuelve a tener razón.

          El Cabildo de 25 de febrero de 1817 es una joya. No interpreta, no sugiere, no adorna. Dice lo que dice. Y lo dice con una claridad que hoy incomoda a quienes han querido reinventar la historia del callejero, a los que miran para otro lado.

          En el acta, al hablar del solar donde estuvo la antigua ermita, el Ayuntamiento escribe: “…hallándose en la calle de los Reyes de esta villa reducida a solar la Ermita…”

          Ahí está. Calle de los Reyes. Sin “Virgen”. Sin “magos”. Sin añadidos tardíos.

          Cada vez que el documento la nombra, la razón se hace más grande.

          El libro Historia de las calles, plazas y paseos de la Villa de Villamartín ya lo explica con rigor: la calle no debía su nombre a ninguna advocación religiosa, sino a un vecino importante apellidado Reyes.

          Una hipótesis sólida, razonada, y que el blog Calles, plazas, paseos y patrimonio de Villamartín ha defendido durante varios años.

          Pues bien: el documento de 1817 no solo la confirma. La consagra.

          Porque cuando un Ayuntamiento de principios del XIX escribe “calle de los Reyes”, lo hace porque ese es el nombre que usa todo el mundo. Y cuando ese nombre coincide con un apellido local relevante, la conclusión es evidente: la calle honraba a un señor apellidado Reyes.

          Y aquí llega el detalle que desmonta cualquier intento de reinterpretación piadosa. La llamada “copia del original” del 27 de febrero de 1817 —esa que desde hoy circula como si fuera palabra sagrada— remata el texto llamando a la calle “…del Sr. de los Reyes.

          Ese “Sr.” no es religioso. Ese “Sr.” no es devocional. Ese “Sr.” no es litúrgico. Ese “Sr.” es un señor. Un vecino. Un apellido. Un Reyes. 

   Es, en realidad, la confirmación involuntaria de la hipótesis del libro: la calle estaba dedicada a un señor importante de Villamartín cuyo apellido era Reyes.

          Y cuanto más se intenta disfrazar, más canta.

          Si el documento original dice “calle de los Reyes”, y la copia tardía dice “del Sr. de los Reyes”, ¿de dónde sale el nombre moderno “Virgen de los Reyes”?

          De ninguna parte. De ningún archivo. De ninguna tradición. De ninguna lógica histórica.

          Es, sencillamente, una invención, una tomadura de pelo de mal gusto, un intento de “religiosizar” lo que nunca fue religioso, un maquillaje que no resiste ni un minuto frente a los documentos.

          La calle se llamó Calle de los Reyes desde su origen. Lo confirma el cabildo. Lo confirma la copia, aunque sin querer. Lo confirma la hipótesis del libro. Lo confirma el blog. Lo confirma la historia.

          Y cada vez que lo decimos, ese alguien vuelve a tener razón.

 

(Copia del texto original)

“Cabildo de 25 de febrero de 1817

          Entre otras cosas, se vio en este cabildo un memorial que presentó Alonso del Valle en que decía que, hallándose en la calle de los Reyes de esta villa reducida a solar la Ermita que en otros tiempos fue nombrada del Sr. de los Reyes; y que, teniendo intentado hacer en él cuatro casas de morada atento a la necesidad que el pueblo tiene de ellas por las numerosas que arruinaron en él los enemigos franceses durante su invasión, y teniendo en consideración lo ordenado en la materia por el Real y Superior Consejo de Castilla en su Real Provisión obedecida y cumplimentada por este Ayuntamiento. Acordó de conformidad que, con arreglo a la presente propuesta, en ella se forme el correspondiente expediente ante el Sr. corregidor presidente y, precediendo la diligencia de edicto y aprecio, se proceda por dicho Sr. a la licencia que solicita, y así se acordó”.

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