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La Callejuela de las Cruces Cuando una calle nace del pulso de sus vecinos En la Villamartín del siglo XVII, cuando la villa aún respiraba entre murallas mentales más que físicas y el caserío se expandía con la lentitud de lo artesanal, la formación de una calle no era un acto administrativo frío, sino un proceso vivo, tejido por las manos y las aspiraciones de sus propios habitantes. Cada solar concedido, cada pared levantada, cada puerta abierta al viento del campo era una declaración de futuro. Y pocas escenas ilustran mejor ese pulso que la petición presentada por Juan Lobo, vecino de la villa, en el cabildo del 30 de noviembre de 1681. El escribano lo dejó asentado con la sobriedad habitual de la época, pero la frase contiene un mundo: “En este cabildo yo, el escribano, hice notoria a los capitulares de una petición de Juan Lobo, vecino de esta villa, por la cual pide a es...