21. Las contradicciones del callejero de Villamartín


                                                              Las contradicciones del callejero de Villamartín

 

          Villamartín presume —con razón— de una historia rica, compleja y profundamente arraigada en sus calles. Cada nombre, cada esquina y cada rótulo forman parte de un relato colectivo que se ha ido construyendo durante generaciones. Por eso sorprende, y preocupa, que el callejero actual presente contradicciones evidentes respecto a la normativa municipal aprobada el 30 de noviembre de 1989, una fecha clave en la ordenación moderna de nuestras vías.

          En aquel acuerdo, junto con el del 31 de agosto del mismo año, el Ayuntamiento estableció de manera oficial la denominación de numerosas calles. El documento histórico lo deja claro: “Las rotulaciones de calles mencionadas […] constituyen dos auténticos acuerdos del Ayuntamiento Pleno”. Sin embargo, basta pasear por el casco urbano para comprobar que la realidad no siempre coincide con lo aprobado.

          El caso más llamativo es el de las históricas Calle Los Reyes y Calle Rosario, que así aparecen en los documentos municipales. El texto lo expresa sin ambages: “De toda la vida estas dos calles se han llamado ‘Calle Los Reyes’ y ‘Calle Rosario’”. A pesar de ello, los rótulos actuales muestran Calle Virgen de los Reyes y Calle Virgen del Rosario, denominaciones que nunca fueron aprobadas en el pleno.

          Algo similar ocurre con la conocida Calle del Poyo, cuyo nombre ha sido objeto de confusión por una interpretación errónea basada únicamente en la fonética andaluza. El documento lo resume con ironía: “La fonética andaluza no nos permite discernir si es el ‘Salto del Pollo o del Poyo’”. Pero la tradición documental, la semántica y la caligrafía municipal apuntan claramente a Pollo, no a “Poyo”.

          Y no podemos olvidar las calles Botica/Boticas y Salinera/Salineras, donde la incoherencia se hace visible incluso dentro de la misma vía. El acuerdo las fija en singular, pero los rótulos se empeñan en multiplicarlas. 

          ¿Quién autorizó ese cambio?

           ¿En qué acuerdo se basa?

          Estas contradicciones no son simples anécdotas: generan confusión, erosionan la coherencia histórica del municipio y transmiten una imagen de descuido que Villamartín no merece.

          Frente a estas disonancias, hay un ámbito donde sí se ha recuperado la fidelidad a la tradición: la celebración del Corpus Christi.

          Los documentos recuerdan un acuerdo histórico entre la corporación municipal y el Arzobispado de Sevilla, alcanzado hace más de siglo y medio, para que la procesión se celebrara por la tarde. “Desde hace más de 150 años la Corporación de Villamartín consiguió un acuerdo […] para que el Corpus se realizara por las tardes”, señala el texto.

          Aunque en tiempos recientes la celebración volvió a trasladarse a la mañana sin que conste revocación formal del acuerdo, el clero actual de Villamartín ha mostrado sensibilidad hacia la tradición y hacia la memoria colectiva del pueblo, recuperando la práctica que durante generaciones dio identidad a esta festividad.

          Ese gesto merece ser reconocido. En un momento en que tantas costumbres se diluyen, que la Iglesia local haya optado por volver a las costumbres de siempre es un acto de respeto hacia la historia y hacia el sentir de los vecinos.

          Si Villamartín aspira a ser un referente para quienes nos visitan —y para nosotros mismos—, debe mostrar un callejero coherente, riguroso y fiel a sus propios acuerdos. No se trata de nostalgia, sino de responsabilidad institucional. Como bien recuerda el documento: “Si queremos que nos visiten […] debemos ofrecer un pueblo coherente con su historia, rotulando sus calles sin ninguna confusión”.

          La tradición no es un lastre: es un patrimonio. Y cuando se respeta —como en el caso del Corpus—, la comunidad lo percibe y lo agradece.

          Quizá sea el momento de que el Ayuntamiento tome ejemplo y devuelva a nuestras calles los nombres que nunca debieron perder.

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